Consejos útiles

UNA DOCENA DE COSAS ÚTILES A TENER EN CUENTA SI TU HIJO ES ALÉRGICO

“Su hijo es alérgico” ¿Qué significa esto?

La alergia a alimentos es una respuesta exagerada del organismo ante un alimento (alérgeno), que por sí mismo es inofensivo para las personas no alérgicas. Esto quiere decir que a tu hijo comer aquello a lo que es alérgico le sienta de angustia. Es decir, que mientras tú consideras que la tortilla de patata es un manjar de dioses, tu hijo alérgico al huevo puede comer tortilla y presentar todo un festival de síntomas que van desde los más leves como erupciones, urticaria, rinitis, conjuntivitis, diarrea, vómitos, hasta graves como algunos casos de dermatitis atópicas o asma, o muy graves: shock anafiláctico.

¿En qué cambia tu vida y la suya? ¿Qué tienes que hacer?

1. No te culpes

Tu hijo es o no es alérgico, igual que será rubio o moreno, alto o bajo, independientemente de lo que tú hayas hecho. No te fustigues pensando en que durante el embarazo comiste muchos cacahuetes, que no le has dado biberón o que le has dado pecho hasta los 6 meses. No tiene nada que ver con lo que tú hayas hecho.

2. Hablar con tu hijo

Los niños alérgicos desarrollan un sentido de la responsabilidad increíble desde muy pequeños. Son conscientes de que hay ciertas cosas que si comen les sientan mal, les hacen daño y por tanto suelen ser muy reticentes a la hora de probar alimentos nuevos que no conocen. Hay que hablar con ellos adecuando la explicación a su edad. Hasta los 2 años no hay mucho problema porque tú vas a controlar todo lo que coman, a partir de los 3 años hay que explicarles claramente qué alimentos no pueden tomar y que les pasaría si los tomaran. Normalmente un niño alérgico jamás aceptará comida de un adulto sin esta rutina: ¿Qué es eso? ¿Tiene huevo/leche/pescado/nueces? Si el adulto le dice: No lo sé. Contestará: Entonces no puedo comerlo.

A partir de los 7 años hay que enseñarles como son las etiquetas y ellos mismos serán capaces de distinguir lo que pueden o no pueden comer. Hay que confiar en ellos y jamás sobreprotegerlos.

3. ¿Cuales son los alimentos que más comúnmente provocan alergias?

Las alergias alimentarias más comunes son: a las proteínas de la leche de vaca, al huevo, al pescado, a las legumbres, a ciertas frutas (normalmente rojas o con pelo en la piel, a ciertas verduras (la patata cruda es un gran alérgeno pero lo pierde al cocinarse), los frutos secos, la soja… etc.

4. ¿Son todos los alérgicos como mi hijo?

No. Hay niños alérgicos, muy alérgicos o acojonantemente alérgicos. Un ejemplo. Hay niños alérgicos al huevo que no pueden comerlo crudo, por ejemplo en mayonesa, pero toleran el huevo en cualquier otra manifestación, serían por tanto “poco alérgicos”. Hay niños que pueden comer alimentos que contengan huevo: galletas, rebozados, bollería… pero no pueden comer huevo en tortilla, frito, cocido… etc. Serían “un poco más alérgicos”. Hay niños que no pueden comer huevo en ninguna manifestación, ni siquiera en cantidades mínimas en otros alimentos, serían niños “muy alérgicos”. Y por último están los que no sólo no pueden comerlo si no que además son alérgicos por contacto, es decir, si alguien de su entorno come tortilla y luego les da un beso… les provocará una reacción alérgica… estos son los “acojonantemente alérgicos”. Hay que saber en qué nivel está tu hijo.

5. Dieta de exclusión

Las alergias alimentarias no se curan con medicamentos, ni por supuesto con homeopatía o recursos de la abuela. El único tratamiento es la completa eliminación de la dieta del alimento al que es alérgico nuestro hijo. Cuanto más común sea el alimento más coñazo es llevar a cabo esta dieta, obviamente es más fácil evitar los garbanzos que la leche y el huevo.

La parte buena es que con una correcta dieta de exclusión, las alergias a la proteína de la leche de vaca y al huevo, suelen desparecer hacia los 3 o 4 años de vida.

6. ¿Qué hacer en caso de reacción?

Tu hijo alérgico es una cajita de sorpresas, cuando uno es alérgico tiene más posibilidades de desarrollar más alergias, así que lamentablemente cada vez que se le da un alimento nuevo hay que estar contemplándolo muy fijamente pero con disimulo. ¿Por qué? Los alimentos que dan alergia suelen provocar “picor” en boca al comerlos. Hay que ver si le pica y, lo que es más importante, si le salen ronchas alrededor de la boca… si es así, fin de esa comida y chute de antihistamínico. Apuntar el alimento y contárselo al médico en la siguiente visita. Si los síntomas van más allá… asma y ronchas por todo el cuerpo… antihistáminico, inhalador y a urgencias rápidamente. Si llegamos al shock anafiláctico y esto es muy muy importante… primero la inyección de adrenalina y luego el 112 explicando que se le ha puesto una inyección al niño. Y a correr.

Que no cunda el pánico, con las precauciones adecuadas… llegar al shock es casi imposible.

7. Rutinas culinarias

Con un alérgico en casa hay una serie de rutinas que se deben adquirir y que al principio cuestan pero que al final se interiorizan sin problemas. No se pueden mezclar aceites ni reutilizar aceites donde por ejemplo se haya frito un huevo para cocinar algo para el alérgico. No se puede cortar con un cuchillo una tortilla y con ese mismo cuchillo cortar el filete del alérgico. No se puede usar el mismo cuchillo para por ejemplo untar mantequilla en una tostada y con ese mismo cuchillo untar mermelada en la tostada de un alérgico a la leche. No se debe besar a un alérgico al pescado tras comer sardinas… etc.

Tampoco hay que ser un histérico, en el horno se puede cocinar lo que sea para el alérgico, aunque antes se haya cocinado algo que le de alergia.

8. Leer las etiquetas de todo

La normativa europea obliga a a un etiquetado claro de los ingredientes para detectar la posible presencia de alérgenos. Así por ejemplo donde antes ponía “caseína”… debe poner “caseína de la leche”, donde antes ponía el nombre de una especie de pescado desconocida debe poner “pescado”, donde antes ponía “lecitina” debe especificar si es de huevo o de soja… etc.

Comprar productos para alérgicos requiere una lectura pormenorizada de las etiquetas y en caso de duda, jamás dar ese producto al alérgico.

9. Comer en restaurantes

Tener un hijo alérgico no significa que no se pueda salir a comer fuera. Obviamente hay que ser un poco avispado, si tu hijo es alérgico a los crustáceos y le llevas a comer a una marisquería tendrá chungo encontrar algo que pueda comer, y si es alérgico al huevo y le llevas al “Rey de la tortilla” pues lo mismo.

En cualquier restaurante normal siempre encontrarás algo que pueda comer, aunque siempre hay que preguntar cuidadosamente los ingredientes y advertir sobre la alergia para que la tengan en cuenta a la hora de preparar su comida.

Ejemplo práctico. Si pone que la paella es de verduras, preguntar claramente con qué está hecho el caldo de cocer el arroz, puede llevar legumbres o pescado y si tu hijo es alérgico a algo de eso, se puede poner como un pez globo. Si le pides patatas fritas, especificar claramente que necesitas que se las hagan en una sartén limpia con aceite a estrenar. Si hay que ponerse dramático, se pone uno: “Mire, es que mi hijo es muy alérgico y si no tenemos cuidado le puede dar un shock anafiláctico aquí mismo con el consiguiente perjuicio para su establecimiento”.

Normalmente en los restaurantes suelen tener mucho cuidado.

10. Medicación

El kit del perfecto alérgico tiene que tener: un antihistámino para administrar en caso de ronchas, picores, urticarias y demás síntomas leves. Un inhalador para los casos en los que aparece asma y una inyección de adrenalina para los casos de shock anafiláctico. Conviene tener el kit en casa y llevarlo siempre que se salga de casa con el niño. En el colegio conviene que tengan otro kit con las instrucciones de uso.

La inyección de adrenalina es autoinyectable. Cuando los niños son más mayores hay que enseñarles a utilizarla por si mismos. Sé que esto suena horrible y se te pone el pelo verde, pero una inyección adrenalina clavada a lo Pulp Fiction salva la vida de tu hijo en caso de shock anafiláctico.

11. Los programas de desensibilización

Las alergias alimentarias suelen pasarse tras los primeros años de vida, pero hay casos en los eso no ocurre. Para determinados pacientes existen programas de desensibilización, en algunos hospitales. Estos programas no “curan” la alergia, lo que hacen es acostumbrar el cuerpo a aquello que le provoca la reacción. Son tratamientos largos y laboriosos que exigen mucho del niño y de los padres y con los que hay que tener mucha paciencia. Consisten en acudir al hospital un día o dos a la semana (depende del centro) a administrarle al paciente una dosis del alimento al que es alérgico. Se comienza con una dosis mínima y se va aumentando muy poco a poco, hasta que el paciente es capaz de tolerar una dosis “normal”, esto es, un vaso de leche al día o un huevo entero 3 veces a la semana. Alcanzado ese punto, la ingesta del alimento que provoca la alergia debe mantenerse en el tiempo de forma continuada, porque si se retira de la dieta, el cuerpo se “desacostumbrará” y la alergia volverá a manifestarse en caso de ingesta.

12. Hay que saber hablar de la alergia sin montar un drama

Tener un hijo alérgico es supercansino porque hay que contárselo a todo el mundo. Hay que explicárselo a la familia, a los amigos, en el colegio, si van a un cumpleaños, si van de campamento, si se quedan a comer en casa de un amigo… etc. Hay que explicar a qué es alérgico, qué le puede ocurrir y cómo deben ser las rutinas culinarias y el uso de la medicación en caso de que sea necesaria utilizarla.

Tendrás que explicarlo una y mil veces y tendrás que ser claro y no montar dramas. Ser alérgico es una putada pero no es el fin del mundo y con unas sencillas rutinas y normas tu hijo podrá llevar una vida perfectamente normal sin estar permanentemente estresado por lo que come o deja de comer.

Para saber más sobre las alergias alimentarias y como vivir con ellas: AEPNNA, Immunitas Vera. También, Cosas útiles a tener en cuenta si tu hijo es celíaco.

Fuente de los consejos: Unadocenade.com